sábado, diciembre 10, 2011

Teología origámica sobre la fractalidad divina en una realidad wachiturra

Un sencillo título para una
reflexión corta acerca del quehacer teológico y filosófico


(Discurso del P. Alonso Sanchez Matamoros, cmf en el acto de colaciòn de grados del Centro de Estudios Filosòficos y Teològicos, el 07/12/2011)


Lo origàmico define una técnica artística que no utiliza tijeras ni pegamento, solo papel y manos, dando a luz nuevas obras a base de plegados, dobleces, desdobleces e imaginación. Aunque algunos opinan que algún pequeño corte si se puede hacer en el origami. Todos hemos visto esas lindas obras que surgen creativa e instintivamente de lo aparentemente nada, una hoja de papel.
Creo que es algo útil para definir lo que debiera ser la labor teológica, nuestra labor teológica y filosófica: ayudar a pensar y reflexionar sin tijeras ni pegamentos, o lo que es lo mismo, sin recortes ni pegotes. La realidad divina, la realidad mundana, son como el papel y a fuerza de manos, miradas, pensamientos, reflexiones, ir doblando y desdoblando es posible crear, pensar,
iluminar caminos de encuentro entre lo divino y lo humano.
Estos años que hoy concluyen han sido un largo taller origámico, ojalá (una palabra que viene
del árabe, inshalláh, Dios lo quiera) tengan la destreza para crear ustedes con otros, desde lo aprendido y de ese modo enriquecer el mundo con nuevos pensamientos y reflexiones, con nuevas miradas que descubrirán lo escondido en lo que parecía conocido.
Y acá entra lo que les decía de la fractalidad divina. Cuando uno toma un papel no hay
pliegues ni marcas, es la utopía creadora y creativa quien desvela y revela los trazos apenas insinuados de la obra en potencia. Sorprende al final lo que uno consigue a partir de aparentemente tan poco, como sorprende Dios en su aparente rutina cotidiana, revelando y desvelando lo diferente en medio de los ríos de la calle, de las rutas de la vida. Se acuerdan de lo
fractal? Creo que nos sentimos sorprendidos cuando lo entendimos en la última semana de estudios. Y algo que no podemos pasar por alto es que: Para poder descubrir es necesario arriesgar, buscar, querer conocer y saber, porque, no se olviden, solo quien busca encuentra.
Y lo encuentra en medio de una realidad que, en muchas oportunidades, se siente huérfana,
aparentemente sin horizonte ni fundamento, medio boba, una realidad que utilizando un palabra muy de moda podríamos calificar como wachiturra, en el sentido primigenio de este neovocablo surgido de la fusión, como la vida misma, de dos conceptos lo huacho, guacho, wacho, que es huérfano, pequeño, frágil e indefenso con lo turro, vocablo callejero y popular, que viene a significar lo indefenso, lo incapaz, o si quieren lo bobito y medio tonto, dicho en sentido
cariñoso. Un fusión entre lo indígena, lo popular y lo villero, lo marginal.
Turro es una palabra fractal, significa muchas cosas diferentes, y da para reflexionar mucho, pero no quiero alargarme en exceso, podría decir un turro de cosas, que para los chilenos significa decir mucho de algo, aunque capaz que entonces los venezolanos o colombianos s opinen que estoy medio turro, o sea pasado de marihuana y entonces el resto no se fiaría mucho de mi,
pensando que soy un turro, medio malo, desfachatado, malevo, que es lo que se entiende en Uruguay, Argentina, Ecuador o México. Así que nos quedaremos en un significado intermedio, lo turro como lo indefenso, dicho así cariñosamente, medio ingenuo.
Bien, en esa realidad turra, abundante, medio mala y casi boba, drogada en ocasiones, el hombre se siente huérfano, guachito y pequeño. Un ser turro, que hoy entre nosotros se identifica con nicknames procedentes de la red social, virtual, de nuevo imaginada, procedentes de una realidad necesitada de sentido, ellos visten ropas deportivas de primeras marcas, usan celulares de último grito, piercings, cortes de pelo extremos y música villera, la cumbia. Son gentes del centro que van a la periferia y gente de la periferia que no va al centro. Es un movimiento periférico, no central.
Y ustedes que hoy egresan tendrán que dialogar, enseñar, vivir y caminar en la wachiturrez de la
vida, para poder adoptarla y entender a ese Dios que, sorpresiva, diferente y originalmente se encuentra inmerso en ella.
Necesitaran inteligencia, manos, imaginación, riesgo, pero sobre todo corazón para crear y
ayudar a otros a reflexionar.
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